31.10.06
"Sindicalismo vertical", Flipe - 29-10-2006
8.10.06
"Nada", por Flipe, 07/10/2006
12.9.06
"La sonrisa del esclavo" - F. Gámez - 11/09/2006
29.8.06
Mujeres - Felipe Gámez - 25/08/2006
A mi madre, in memoriam
25/08/2006
FELIPE GÁMEZ MARTÍNEZ (DNI 26.420.064X)
El pulso de la realidad tiene diferentes ritmos según las edades por la que un hombre pasa y las mujeres siempre están en esos pulsos por diversos motivos. Para Fellini “L’amore é nutrimento”. ¡Claro! Para mi el amor a las mujeres empieza con la primera que se acerca: un cuerpo blando que llega tibio en la madrugada y ofrece las dulces lunas de sus pezones, quizá lo único suyo que tiene. Desde entonces "La città delle donne" (de nuevo Fellini) es el mundo, el mundo que no puede concebirse sin ujeres... pues son ellas quienes al enamorarse lo crean todo. Con esto quiero decir que la primera mujer de mi vida tiene una categoría y un valor. Si no fuera porque ha muerto hace poco incluso yo pensaría que exagero al decir que su categoría es el de una diosa y su valor infinito. Uno descubre esas cosas demasiado tarde. Para el Fellini carnal la infancia es el punto del espacio y del tiempo donde las mujeres abren los surcos donde él sembrará sus mundos... que luego serán los balcones por donde ellas nos abrirán los iris embobados. Salvando las distancias (que son muchas, naturalmente) yo siento parecido. De mi madre, y como herencia suya, me viene el dar a las mujeres el máximo valor, incluso la categoría heroica de ser madres (diosas), cuando no todas quieren serlo y no todas valen lo que valía ella. Recuerden la frase bíblica: La mujer sabia edifica su casa, la necia, con sus manos la derriba. García Márquez trata de reunirlas a todas en su último libro: "Memorias de mis putas tristes"; y es que en su memoria de escritor caben todas las mujeres que pasaron por su corazón, incluso las que no tuvieron esa oportunidad. En un libro anterior, "Vivir para contarla", busca atrapar su infancia y para eso empieza contándonos: Mi madre me pidió que la acompañara a vender la casa. Más adelante, añadirá: El aspecto de mi madre me impresionó. La infancia es el universo de la madre y si queremos alcanzarla debemos saber que siempre estará ahí completando la realidad, al fondo de todas las circunstancias, de todos los sucesos. Por desgracia hay madres sin amor y sus hijos/as serán luego personas sin afecto, es decir sin infancia. Con el amor romántico nos llega a los hombres la oportunidad de ir a las mujeres, alcanzarlas tal y como se alcanza una estrella, rozar el misterio con las yemas de los dedos, aprender. Muchas mujeres son universos y rodearlas, entenderlas abarcarlas es absoluta y totalmente imposible porque apenas vivimos una fracción del tiempo que necesitaríamos. Pasé 25 años al lado de mi madre, la tuve pegada a mis nalgas sin perder un sólo detalle de lo que me pasaba por dentro y por fuera y si tuviera que contar quien fue tendría que empezar preguntándome quien soy yo. La vida me llevó luego a mujeres que son auténticos agujeros negros, ¡insaciables! Bellas mujeres que se agotaban antes de empezar; mujeres tiernas, sensibles, vacías, generosas, volubles, complaciente, arpías... Carmen Posadas, con un conocimiento preciso, dice en un artículo reciente: ...las guapas, al hacerse viejas, conservan todos los tics, posturitas y cucamonas que tan deliciosos parecían en un cuerpo bello... y que son tan patéticos cuando la belleza se ha esfumado. No hay nada tan demoledor como una mujer hablando de otra. Freud apenas destapaba el melón cuando se preguntaba, ¿qué quiere una mujer? Es mucho peor preguntarse, ¿qué piensa una mujer? Un sabio poeta, Mario Benedetti, nos aconseja: no vayas a creer lo que te cuentan de las mujeres (ni siquiera esto que te estoy contando) ya te dije que la mujer es incontable. Otras frases célebres dicen: las mujeres fueron hechas para ser amadas... Como Pitágoras de Samos, me aplico el cuento y digo: Elige una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido buscarla más bella pero no mejor. La madre, la infancia, el valor de lo infinito. Los hombres pasamos por las mujeres como pasamos por los océanos... ignorantes de lo que sucede debajo e inquietos por las tormentas.
26.7.06
¡Dislocá!, "Matices con empatía" (4), Felipe, 16-7-2006
Ya lo dije alguna vez: mi club de fans es ciertamente exiguo y no me quejo, es más lo considero el mejor club de fans posible porque son pocas personas pero muy especiales. A tal punto lo son que la pregunta sería: ¿las merezco? Una vez alguien me dijo: “tú no te das cuenta pero me tienes dislocá”. Lo dijo en un arrebato de sincera y ardiente vehemencia malagueña. Lo cierto es que aquello que tuviera fuera de sitio (fuera lo que fuere) volvió a su lugar en poco tiempo y aquella buena mujer no tardó en salir de su error. Se lo agradecí porque si algo debe asustarnos es que nos tomen por lo que no somos.
Uno es lo que es y cuando alguien nos sobrevalora llama a una puerta donde no estamos. Al final esos confunden ausencia con desprecio y terminamos escuchando aquel dicho antiguo: “de desagradecidos está el infierno lleno. Con todo lo que hice por ti”. De ahí a que te pongan en el contenedor hay un paso y, ¡hombre!, o ¡mujer! Tampoco es eso, ¿no?
La capacidad para dislocar a otros no abunda en nuestra especie, por fortuna para todos. Gozan de ella algunos líderes carismáticos (con todo el peligro que ello entraña) pues uno es lo que es, con independencia de lo que al líder político de turno le interese hacer con nuestra adhesión. Me acuerdo de los otrora líderes,
Mi pareja, MariaJosé, dice: “a mi, Luz Casal, me tiene dislocá” y lo entiendo. Luz es una artista consagrada por una trayectoria de alta calidad y tanto en sus letras como en su música interpreta vivencias y sentimientos donde entramos todos. Pero si nos fijamos en esa morralla salida de Operación Triunfo, por ejemplo, el disloque de la juventud no da como para tirar cohetes, pues no sale de la letra insulsa o el embrutecedor “¡chumba-chumba!”. Como todo montaje hecho de bolos rápidos y cartelería sólo mueve dinero, no valores, y el/la artista que hoy aturde a los nenes del botellón viernícola, termina maltrecho/a después del “pelotazo”. No me hagan mucho caso pero la médula de esos ritmillos pegadizos sólo es humo para llenar el globo de la canción de un único verano y como apenas son tinta industrial, tan pronto el otoño deja caer las lluvias tempraneras, se deslíen raudos hacia el vertedero.
Otra cosa es ser valiente, aceptar correr riesgos y dislocarse por amor. Lanzarse a las calles tumultuosas de la vida, doblar las esquinas con una sola pierna y sin que importe el futuro. Una vez más iré a contra corriente de aquel romanticismo falsete e insostenible al decir que el amor y el futuro casan mal porque uno se hace de sueños y el otro de despertares. Amar, todo el mundo lo sabe, es estar dispuesto a dislocarse: es decir a soñar a tumba abierta, sabiendo que será preciso despertar a toda leche. Amar es en sí mismo un disloque conectado con la vida en estado puro, la savia que nos previene contra la modorra y la planificación burguesa, perfecta para los cobradores del banco pero malísima para quien tiene poco tiempo... y todos estamos a las menos cuarto por las bajeras.
Mi experiencia no sirve a nadie, lo sé y lo asumo, y El miedo a volar es un ancla que nos lastra al contenedor de una realidad donde no pasa nada y se resume en un estribillo idiota: “opá viasé un corrá”. La vida no es más que un verano tonto donde al final ni hacemos el corral, ni llueve pues antes de que el otoño se disloque... nos dislocamos nosotros.